The perception of speech in noise is challenging for children with cochlear implants (CIs). Singing and musical instrument playing have been associated with improved auditory skills in normal-hearing (NH) children. Therefore, we assessed how children with CIs who sing informally develop in the perception of speech in noise compared to those who do not. We also sought evidence of links of speech perception in noise with MMN and P3a brain responses to musical sounds and studied effects of age and changes over a 14–17 month time period in the speech-in-noise performance of children with CIs. Compared to the NH group, the entire CI group was less tolerant of noise in speech perception, but both groups improved similarly. The CI singing group showed better speech-in-noise perception than the CI non-singing group. The perception of speech in noise in children with CIs was associated with the amplitude of MMN to a change of sound from piano to cymbal, and in the CI singing group only, with earlier P3a for changes in timbre. While our results cannot address causality, they suggest that singing and musical instrument playing may have a potential to enhance the perception of speech in noise in children with CIs.
Todos los relatos sobre la creación del mundo tienen algo de enigmático. Nada podría resultar más apropiado para describir las cerradas tinieblas en las que, según las antiguas historias, se hallaba la tierra antes de que aparecieran sobre ella los seres vivos. Si enigma significa frase oscura, oscuros son también los principios del universo, al menos desde los tiempos en que el ser humano necesitó inventar su propio origen y lo hizo por medio de narraciones legendarias. No pensemos, sin embargo, que sólo el pasado es depositario de los secretos de la vida y de sus arcanos: Gabriel García Márquez escribió Cien años de soledad en pleno siglo XX en clave de libro sagrado y nos hizo revivir el misterio de una humanidad recreándose en los límites de un pequeño pueblo. Con palabras elementales, García Márquez afirma al comienzo de su relato: “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. No vamos a detenernos ahora en dilucidar si el origen del lenguaje –y por tanto de la comunicación- está en esa necesidad, la de definir, o está, como sugieren algunos filólogos, en el momento en que una persona, recién despertada de un sueño, siente el impulso de trasladar a otros su experiencia onírica como si acabara de nacer.
En ambos casos el individuo, imitando la forma de crear de los dioses, precisa señalar objetos o personas para distinguirlos y para esa tarea utiliza los nombres, o sea las palabras que designan algo: las palabras-fuerza, según las define Zumthor. Son palabras que transmiten una especie de fórmula de posesión, de ahí que sea conveniente repetirlas varias veces, como tratando de apoyar o reafirmar el conjuro por medio del cual el aire penetrará o envolverá el objeto definido.
Leer el artículo completo: "La voz como medio de comunicación en la enseñanza" de Joaquín Díaz.
